Aunque creas que has seguido adelante, cada objeto que guardas actúa como una sutil punzada. Abrir un armario y encontrar una camisa olvidada puede desencadenar una oleada de emociones. Esto mantiene una fragilidad emocional persistente, a menudo invisible pero muy real.
No se trata de borrar recuerdos, sino de darles un espacio de paz en nuestra mente, sin dejar que los objetos se conviertan en una prisión. En definitiva, ¿no se encuentra el verdadero homenaje más en lo que guardamos dentro que en una estantería?
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